#49 Tentando a la suerte: Marco Aurelio, ruletas rusas y cazadores de tesoros

Hace unos meses un hilo de twitter generó algo de polémica en el ecosistema emprendedor español y a mí me hizo reflexionar mucho porque se conectó en mi cabeza con ideas que había escuchado antes. 

Su creador fue Eduardo Manchón, comenzaba con una serie de preguntas:

  • ¿Cuál es el significado real de la suerte aplicado a nuestra experiencia personal?
  • ¿Éxito y capacidad van juntos?
  • ¿Es la meritocracia real o un espejismo?

Venía a decir que la correlación entre capacidad y éxito es baja. Que el éxito es muchas veces el resultado de una concatenación de sucesos positivos que se acaban realimentando entre sí. Que la capacidad tiene menos importancia de la que solemos atribuirle. Cómo trabajando igual de bien o de mal en lo que hicieron, siendo las mismas personas y con la misma capacidad, igual que acabó vendiendo su empresa a Google, podría haber pasado sin pena ni gloria. 

Pero que se fueron dando pequeños eventos de baja probabilidad y alto impacto. Y con cada uno de ellos, aumentaba la probabilidad de que pasaran nuevas cosas fortuitas y positivas, además de situarles cada vez en una situación más privilegiada, con acceso a mejor información y contactos. Vamos, un círculo virtuoso en toda regla. 

Y que la suerte no está distribuida uniformemente en la sociedad. No todo el mundo parte del mismo punto y eso genera muchas veces diferencias insalvables y la necesidad de que la sociedad se auto-corrija con mecanismos para asegurar las mismas oportunidades. 

La verdad es que leyendo aquel hilo me sentí identificado en muchas cosas. En resumen, en notar un viento a favor y que, a medida que se concatenan cosas buenas, que el siguiente paso sea más sencillo que el anterior. 

Claro, que pensar así es profundamente incómodo porque cuestiona el significado de lo que hacemos y el impacto que tenemos en nuestra vida. 

Seguramente el hilo de Eduardo generó polémica porque atacaba a un concepto que está cada vez más arraigado en nuestra sociedad: la cultura del esfuerzo. Esa idea, tan americana, de que si te esfuerzas lo suficiente y tienes talento, conseguirás lo que quieras. Que la mejor forma de abrirse camino es con trabajo duro y perseverancia. 

Yo sí creo que hay mucho de cierto en ello pero, a la vez, también creo que lo malinterpretamos.

Nos creemos responsables de los resultados: si tenemos éxito, sobrevaloramos nuestro impacto y negamos la suerte. Y si a alguien le van mal las cosas, enseguida pensamos que es su propia culpa. Incluso aunque haya tenido mala suerte. Seguramente es que no fue capaz de gestionarla. 

Y la realidad es que el éxito y el fracaso, en un mundo tan interconectado como el que vivimos, dependen de tantísimos factores fuera de nuestro control, entre ellos el azar, que creernos responsables de los resultados es muchísimas veces tan útil como creernos responsables de que llueva. 

No podemos controlar los resultados, pero sí lo que hacemos y cómo lo hacemos. No podemos controlar los resultados, pero sí el proceso. 

Así que hoy toca hablar de eso: de la suerte y de cómo maximizarla. 

NOTAS DEL CAPÍTULO

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