Último capítulo de esta séptima temporada de kaizen. El podcast y yo nos tomaremos un necesario descanso de un par de meses, más o menos, hasta la vuelta del verano. Y vamos a terminar rematando nuestra miniserie sobre la tensión que hay entre quienes quieren seguir acelerando el progreso humano, cueste lo que cueste, y quienes proponen que frenemos, paremos o incluso retrocedamos un poco para asegurarnos de que no nos vamos al carajo junto a nuestro querido planeta.
Tras hablar en el capítulo anterior de los argumentos y los riesgos de ver el mundo como la canción aquella de Estopa de «Acelera un poco más, porque me quedo tonto y vamos muy lentos» hoy nos asomamos a la perspectiva contraria. La de quienes proponen una idea que a veces suena radical: que quizás no necesitemos llenar nuestras vidas de cosas, sino vaciarlas de presiones que consideran absurdas. Reducir la jornada laboral, repensar las ciudades para que sean para los humanos y no los coches, formas de agricultura regenerativa y energías renovables.
O, dicho de otra manera, la de no ver el «decrecimiento» económico como un fracaso, sino como una forma de madurar como civilización. Y es que hay quien piensa que debemos dejar de ser adolescentes acelerados que arrasan con todo y convertirnos en adultos que entienden que los límites no son cárceles, sino las reglas del juego.
NOTAS Y ENLACES DEL CAPÍTULO:
Capítulos relacionados:
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- #233 Decrecionismo vs aceleracionismo (II): Futurismo, dioses digitales y la ilustración oscura
- #216 César Astudillo: conocimiento aparentemente inútil, innovación y narrativas
Libros mencionados:
- Paul R. Ehrlich – The Population Bomb (en castellano: «La bomba P»)
- Kate Raworth – Doughnut Economics (en castellano: «Economía rosquilla»)
- Charles Dickens – A Tale of Two Cities (en castellano: «Historia de dos ciudades»)
Personas Mencionadas: